El Proyecto de Digitalización
La manera como pude acceder a los originales de “Las Crónicas del Hombre Enmascarado” es tan extraña y misteriosa como son las mismas crónicas.
El encuentro en Harrelson
Hace siete años, me encontraba en la Universidad de Harrelson, en Estados Unidos, realizando un curso de postgrado en Informática Aplicada a Documentación Antigua gracias a una beca conseguida en Barcelona. Entre los pocos estudiantes extranjeros se encontraba Kit Walker, un joven de unos veinte años, robusto y solitario, que estudiaba Historia Mundial y destacaba en todos los deportes.
Nuestra amistad nació de nuestra condición de “extraños” en el campus. Kit, que hablaba un inglés académico y perfecto, pronto se interesó por mi lengua y terminamos hablando en una mezcla de español e inglés. Aunque nunca hizo ostentación de dinero, intuí que no era un problema para él. Me contó que procedía de una pequeña república africana llamada Bengalí y que tenía una hermana gemela estudiando en Suiza, pero poco más pude sonsacarle sobre su familia.
El incidente y la partida
Una noche, fuimos rodeados por una pandilla en una zona oscura. Mientras yo estaba dispuesto a entregar mi cartera, Kit se transformó. Con una velocidad y fuerza asombrosas, redujo a los atacantes en segundos. En ese momento murmuró algo que solo entendería años después:
“No hay que tener cuartel con los malhechores”.
Poco antes de terminar el curso, Kit vino a buscarme con rostro grave. Su padre había tenido un accidente y debía partir de inmediato para reemplazarlo. No volvió a la universidad, pero dos años después, recibí un correo electrónico invitándome a su casa en África.
Viaje al corazón de la selva
El viaje estuvo perfectamente organizado: vuelos a Mawitaan (capital de Bengalí) y un traslado de más de veinte horas por terrenos cada vez más inhóspitos. Fui custodiado por la Patrulla de la Selva y luego por nativos que me llevaron a caballo a través de puentes colgantes y ríos hasta un valle oculto tras una cascada.
Allí, los pigmeos Bandar me condujeron a la Cueva de la Calavera. En una enorme sala circular, sentado en un trono de piedra con calaveras labradas, se encontraba un personaje con malla violeta y antifaz. Era Kit. Al quedarse solo conmigo, se despojó de la máscara y me recibió con su antigua sonrisa.
La Biblioteca de las Crónicas
Kit me reveló el secreto de su estirpe: él era el número 22 en una línea de sucesión que se remontaba a 1536. Me llevó a una sala repleta de estanterías con enormes tomos encuadernados en piel.
“Esta es mi biblioteca. Aquí están relatadas las vidas y las aventuras de los 21 Fantasmas que me precedieron”.
Su petición era clara: necesitaba mi experiencia para digitalizar y preservar esta información de forma definitiva.
El proyecto de digitalización
Regresé un mes después con tres expertos en restauración y el mejor equipo informático. Durante tres meses trabajamos en dos fases:
- Escaneo y digitalización de los originales.
- Reescritura y adaptación al lenguaje actual, unificando el estilo de los tomos.
En esta labor colaboró activamente Heloisa, la hermana gemela de Kit, quien actuó como correctora de estilo. Al finalizar el trabajo, se guardaron copias en una sala informática especial de la cueva. Como pago por mi discreción y mi labor, Kit me permitió conservar una copia transcrita, que es la que se presenta resumida en las siguientes páginas.